Memorias de las manos nahuas

Diseñadora gráfica y especialista en textiles americanos, Tatiana Bernaldez se ha convertido en un referente de la iconografía textil, que ha plasmado en su libro Memorias de las manos nahuas. Estructuración de la simbología cosmogónica aplicada en los bordados textiles de Naupan, Puebla.  Este libro es resultado de 10 años de investigación, que ha realizado por diferentes comunidades indígenas de América Latina.

Agradecemos su tiempo en esta entrevista con Revista Mestiza, en la que nos ha hecho entender que los textiles americanos son más que piezas “bonitas”, sino que contienen toda la esencia de su cultura.

¿Cómo fue que pasaste de ser diseñadora gráfica a una investigadora sobre el tema iconográfico de los textiles de la sierra norte poblana?

En realidad, no considero que sean dos etapas distantes en las que se tenga que pasar de una modalidad a otra, pero en mi caso, el trabajo como investigadora empezó cuando estudiaba la carrera de diseño gráfico, es decir; fue un asunto simultáneo, cursaba el sexto semestre de la carrera cuando decidí viajar por América Latina a conocer y profundizar sobre la iconografía textil del Continente; de los pueblos originarios especialmente. Dos semestres antes, en el año 2008, había tenido mi primer acercamiento a la iconografía textil en la Unidad Regional de Culturas Populares de Puebla, donde participé como diseñadora en la digitalización de símbolos presentes en las llamadas ‘artesanías’ del estado de Puebla, este libro se publicó en el año 2010 con el nombre de Geometrías de la Imaginación, catálogo iconográfico del estado de Puebla, compendio que hasta la fecha se sigue reeditando. Experiencia que en lo personal me sirvió para comprender las principales problemáticas que sufre la iconografía textil, donde el diseñador sólo era ocupado para reproducir los símbolos o digitalizarlos, no para analizarlos ni para comprender su estructura y significado. Por eso decidí emprender esta búsqueda.

Mi experiencia en los pueblos indígenas de América Latina comienza en Puebla, Oaxaca, Morelos, Chiapas, Veracruz, Quintana Roo, Yucatán, Guatemala, varios departamentos donde hay presencia indígena en Colombia, como el Valle del Cauca, donde compartí experiencias en pueblos nasa, misak, embera, yanakunas, quechwas, entre otros, así mismo, conviví en comunidades Kichwas y amazónicas de Ecuador, Uros y quechwas en Perú, pueblos Aymaras en Bolivia y guaraníes, mapuches, wichís, entre otros pueblos en Argentina.

Donde quiera que llegara registraba y ponía una especial atención a los detalles de las vestimentas, entrevistaba, aprendía, preguntaba detalles y me vestía como se vestían en los lugares donde llegara. También hacía las prácticas culturales de esas comunidades, en los pueblos indígenas yo sembraba, cosechaba, deshierbaba, iba al monte a recoger alimento para los animales domésticos, me bañaba en el río, las lagunas, realizaba prácticas rituales y conocía la razón de ser y el funcionamiento de estas comunidades. Llegué siendo una estudiante de diseño gráfico y yo misma. Este recorrido duró tres años que fueron los que viví fuera de México. Posteriormente regresé, para focalizar los estudios antes analizados, en el Municipio de donde soy originaria, la Región de Huauchinango, Puebla y el Municipio de Naupan, especialmente; lugar donde prácticamente me instalé dos años y donde materialicé mi primer libro.

Platícanos sobre tu libro Memorias de las manos nahuas. Estructuración de la simbología cosmogónica aplicada en los bordados textiles de Naupan, Puebla.

Bueno, este libro lo materialicé hace aproximadamente cuatro años, y es uno de los resultados de la experiencia de casi 10 años de investigación sobre textiles americanos, especialmente.

Es el primer análisis riguroso sobre iconografía textil que se ha hecho a nivel nacional e Internacional. Es un trabajo pionero por varios sentidos, por haber sido realizado por una diseñadora que pertenece a un Municipio con población indígena, porque la persona que lo analiza, que en este caso soy yo, sabe bordar y tejer lo que está analizando, también porque desde la antropología no se ha podido profundizar desde una perspectiva semiótica, ni se habían analizado los símbolos de una blusa como íconos o grafías que comunicaran más de lo que podemos entender como mexicanos o como agentes externos a un pueblo indígena, a las raíces culturales que todos compartimos pero que no todos entendemos porque en las escuelas no se enseña sobre nuestra historia desde sus raíces más profundas. Estoy hablando de una historia que no fue contada por los pueblos originarios.

Este libro lo he presentado en Encuentros Nacionales e Internacionales de Cultura, de mujeres, de comunicadores indígenas, de diseño social y diseño de investigación en países como México, Colombia, Bolivia y Argentina.

 

Foto: Especial

 

“Los bordados de los pueblos indígenas contienen diseños con una complejidad estética predominante”

 

La investigación que realizaste tiene alrededor de 9 años y mediante el análisis semiótico de la simbología textil ¿qué debemos entender de los bordados?

Debemos entender que esto es una tarea constante.  Los bordados textiles de los pueblos indígenas no son únicamente configuraciones abstractas sin sentido ni significado. Tampoco son sólo diseños realizados al azar.

Los bordados de los pueblos indígenas contienen diseños con una complejidad estética predominante, que es lo que justifico en las páginas del libro. Y aquí me puedo meter con el tema de lo que se entiende por estética o lo que se interpreta como belleza desde los parámetros provenientes de una cultura más difundida y por ende dominante, que es la cultura europea inmersa y en constante contacto con los países americanos. Es decir; lo que para estos parámetros europeos es bello, para los pueblos americanos no lo es y viceversa, todo esto tiene que ver con categorías mentales diferentes, parámetros culturales diferentes y valores estéticos diferentes que deberían ser respetados y entendidos en países con altos grados de diversidad cultural como lo es México.

Los bordados mexicanos en los últimos años se han puesto de moda, provocando que diseñadores de alta costura los copien, ¿qué necesitamos hacer para que esto se detenga?

Bueno, en realidad esta problemática que mencionas la detecté en el año 2009 durante los viajes a comunidades indígenas en Perú y Colombia, donde ya tienen bastantes años acostumbrados a esta tendencia en moda textil americana. Justo este tipo de problemáticas fueron las que me hicieron entender que el tema textil debe concebirse como una problemática compleja. Por eso como investigadora  lo estoy abordando desde la Teorías de la Complejidad que es una corriente teórica que busca la deconstrucción de las teorías clásicas y está a favor de la integración de ciencias. Con este modelo se busca dar una mejor explicación a un fenómeno visto desde diferentes áreas, enfoques o perspectivas, que sin necesidad de segmentarse se trata de comprender el problema desde parámetros interdisciplinarios para abordar temas complejos como el tema del textil indígena.

Considero que lo que debemos hacer como diseñadores, artistas plásticos, antropólogos, etnólogos, historiadores, comunicadores, es informarnos y no limitarnos a mirar un tema desde una sola perspectiva, porque así, difícilmente vamos a saber comprender una problemática y mucho menos argumentar posibles soluciones. Además, como profesionales estamos inmersos en dinámicas económicas que dejan de lado cuestiones importantes de conocimiento y de creatividad. En estos tiempos es más fácil copiar y plagiar en lugar de buscar dentro de nuestras amplias posibilidades el hecho de ser creativos y respetar lo que hacemos y lo que hacen los demás.

Lo digo así, porque la intervención de diseñadores de modas o intermediarios en los diseños de los pueblos indígenas  perturba fuertemente la transferencia simbólica que es heredada de generación en generación y que forma parte del patrimonio intangible de la humanidad y de los derechos consuetudinarios de los pueblos indígenas.

foto: Raf Rossell

Algunos diseñadores mexicanos piden apoyo a bordadoras para intervenir ropa de alta costura o simplemente atuendos que son vendidos en tiendas de artesanías. En tu percepción como investigadora ¿qué se está haciendo mal o qué se debería mejorar?

Desde mi perspectiva este asunto tiene que ver con el doble discurso que se maneja desde empresas que comercializan los textiles de los pueblos indígenas. Creo que no se entiende bien la diferencia entre artesanía y arte.

Tanto diseñadores de modas, como intermediaros o empresarios que intentan comenzar un negocio en donde se involucra la mano de obra de una mujer bordadora, argumentan estar ‘apoyando’ la economía local pero en realidad están perturbando el trabajo colectivo que se vive en un pueblo indígena, ya que traen nociones de competencia, ‘calidad’ en el producto, condiciones laborales para entregas de las prendas y esto perjudica las prácticas culturales que sostienen la colectividad en una comunidad.    He sabido de casos en que las cosechas se han perdido porque a las mujeres no les queda tiempo de ir a cuidar los cultivos por cumplir con los pedidos de los diseñadores, que cada vez se vuelven más demandantes. En este sentido, también existe un notable desequilibrio en tanto a intercambio económico como en intercambio cultural ya que estamos hablando del sistema económico que se vive fuera de las comunidades y el que se vive dentro, porque aunque no se perciba a simple vista, en las comunidades todavía se preservan prácticas económicas muy propias visibilizadas de manera directa o indirecta. Esto lo puedo asegurar porque he estado viviendo en comunidades por años y es parte del conocimiento empírico que puedo sustentar desde los dos enfoques.

La mayoría de los casos que conozco, sobre intercambio o trabajo colectivo con mujeres bordadoras  y diseñadores, es desequilibrado porque se están exigiendo prendas que demandan un trabajo dificultoso en cantidades considerables. Y lo peor de todo, es que para que las empresas que comercializan las prendas puedan entrar al mercado Nacional o Internacional, deben ser registrados ante derechos de autor o derechos de propiedad industrial. Se registra la marca del diseñador y automáticamente se registra el diseño con la confección ahí contenida. Diseños que forman parte de la memoria colectiva de la comunidad.

Foto: Mural en el Estado de México, realizado por Técpatl Crow, en el 2016 en honor a Tatiana Bernaldez.

 

“La mayoría de los casos que conozco, sobre intercambio o trabajo colectivo con mujeres bordadoras  y diseñadores, es desequilibrado porque se están exigiendo prendas que demandan un trabajo dificultoso en cantidades considerables”

 

 La UNESCO menciona que debemos otorgar a los artesanos condiciones para que sigan produciendo, en tanto la FONART menciona que uno de los retos que tienen es la comercialización justa de sus productos. En tu percepción cómo podemos lograrlo.

Para empezar creo que no se debe mirar a los pueblos indígenas con una percepción ‘paternalista’ la cual se reproduce desde el siglo XIX. Los pueblos indígenas no necesitan que un agente externo y que no conoce las dinámicas colectivas de la comunidad pero que conoce de reglamentos o leyes intervenga para que se comercialicen sus productos. Considero que está bien dar asesorías y generar plataformas que difundan el comercio directo con los artesanos pero debemos dejar el mercado a los pueblos para que vendan su propio arte.

Creo que podemos lograr que haya un comercio justo no involucrándonos en cuestiones que no nos corresponden y sobre todo siendo creativos. Por eso mi libro es una guía para diseñadores, en donde se justifica la complejidad estética y la relevancia del significado de los símbolos para no querer perturbar, no intervenir en ellos y simplemente respetar las dinámicas culturales y la profundidad estética que estos contienen.

Se están recaudando firmas para que la indumentaria tradicional del Municipio de Naupan esté salvaguardada por la UNESCO como obra de arte y patrimonio intangible de la humanidad y entonces haya consulta previa en este municipio y se evalúe la intervención de diseñadores, comerciantes, intermediarios que quieran comerciar las prendas, siempre y cuando la comunidad esté de acuerdo y haya un intercambio justo en donde todos los involucrados estén satisfechos.

También doy talleres en universidades donde hay escuela de Diseño Gráfico y Diseño de Moda para generar una conciencia en torno a este tema y enseñar a utilizar la creatividad ante estas tendencias.

 ¿Cómo podríamos apoyar en la dignificación de los textiles mexicanos?

Creo que los textiles mexicanos ya están dignificados y que los que nos tenemos que dignificar somos los diseñadores. Eso lo podemos lograr siendo creativos y responsables.

Foto: “Por la preservación y respeto a la simbología textil, Mural-cultural dedicado a las mujeres bordadoras”. Museo de atuendos indígenas de la sierra norte de Puebla. Huauchinango, Puebla

Modelo: Tatiana Bernaldez
Artista: Andrés Candelas (Raf Rossell).

 

Si quieres adquirir el libro y conocer más de su autora, puedes ponerte en contacto por medio del correo: nenenki13@live.com.

 

 

 

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