Blade Runner 2049

Por: Ernesto Ramírez

El 6 de octubre de 2017, día del estreno mundial de la película Blade Runner 2049 (Dennis Villeneuve, 2017) curiosamente fecha importante en el desarrollo de la trama, fui a ver esta esperadísima secuela de un clásico y película de culto de los años 80, Blade Runner (Ridley Scott, 1982) protagonizado por Harrison Ford, Sean Young y Rutger Hauer.

Si eres aficionado a las segundas partes y a las historias basadas en sociedades futuras “distópicas” – esto es, mundos cada vez menos humanos en decadencia cultural, social, ambiental y económica pero avanzadísimos en tecnologías, capaces de crear clones robotizados- no te puedes perder este film.

Los fans de la primera parte que tengan muchas expectativas se arriesgan a que puedan decepcionarse con algunos aspectos del argumento, la duración (más de dos horas y media de metraje) o al rol que cumplen los homenajeados Ford y Young tanto en el desarrollo argumental como en sus propios papeles dentro de la historia, que son centrales.

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Una vez superadas las inevitables comparaciones con la precedente, que es necesario ver antes, uno puede disfrutar de los aportes de esta versión, que no son pocos: una fotografía y una ambientación increíbles que casi seguro van a obtener la estatuilla; una adecuada ambientación musical; efectos especiales de primera; actuaciones interesantes de Ryan Gosling, y sobre todo la revelación Ana de Armas (un ser virtual bien simpaticón). La dirección en general es exquisita y la verdad que hay escenas realmente inquietantes y perturbadoras.

Insisto en que los fans deben reducir las expectativas. Deben verla sin el prejuicio constante y abrir los ojos y oídos a una interpretación actualizada que ofrece interesantes matices de una sociedad absolutamente desquiciada, apocalíptica, y sobre todo, alienada por la dictadura de los avances científicos y la industrialización mal aplicada.

A mí personalmente me gustó, aunque sigo amando más la primera parte. Es una digna película si consideramos el gran desafío artístico y comercial que supone prolongar una obra maestra indiscutible. Tendré que volver a verla, esta vez olvidando en lo posible la primera.

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