Ser un personaje, ser un libro

Por: Yussel Dardón

Esta no es una reseña, es un apunte, una sugerencia. Las reseñas de libros, enrarecidas de por sí, tienen la peculiaridad de sugerir la adquisición de un objeto; sin embargo, este apunte invita a conocer el fantasma de un libro que es, a su vez, un libro fantasma. Y es un fantasma porque el autor, Mario Bellatin, es también muchos autores, muchos personajes, muchas historias. Bellatin es un rompecabezas sin orillas.

La lectura de uno de los textos de Mario Bellatin implica una recomposición constante de la memoria. Desde sus primeros libros, Salón de belleza, Efecto invernadero, La escuela del dolor humano de Sechúan, Perros héroes, entre otros, me enfrenté no sólo a una anécdota, sino a la forma en la que ésta se contaba, a una reinvención del discurso.

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foto: Casa del Libro

Es en esa complicidad que demanda Bellatin donde el lector tiene que asumir una suerte de coautoría constante, en busca de que llene huecos y genere otros a lo largo de la lectura no sólo de las palabras, sino de las imágenes que en muchas de sus obras aparecen, como en Biografía ilustrada de Mishima, ese libro pequeño que publicó la editorial argentina Entropía, y que luego editó Alfaguara en México.

Cada uno de los proyectos de Mario Bellatin conforman su idea de creación. Así, las premisas de composición, contenido y  formas de construcción apuntan a un objetivo: hacer del autor un pretexto para establecer un diálogo literario.

Bellatin no desaparece, se desarma. Su escritura demuestra que todo libro pertenece a un solo libro. Hecho de fragmentos, Bellatin busca posibilidades narrativas.

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Foto: Revés online

En El libro uruguayo de los muertos presenta  un texto atemporal que escapa de las clasificaciones, esas cajas de almacenes que en mucho sirven como estrategia de venta. El de Bellatin es, por decirlo de algún modo, una antología del fragmento, un vitral que se ve de lejos para encontrarle forma, un caleidoscopio que se compone de palabras, de imágenes.

El libro uruguayo de los muertos se presenta como un texto confesional, una carta en el que el personaje Mario Bellatin expone sus obsesiones y sus temores; sus metamorfosis y modos de trabajo; sus malestares y sus tratamientos. Escrita como una autobiografía el autor refuerza una de sus principales apuestas: hacer de la ficción una realidad porque la literatura no debe reflejarla, sino refractarla.

Pienso, por ejemplo, en un fragmento del libro: “Al leerlos nuevamente antes de partir, advertí que mi escritura después de la publicación de algunos libros, evidenciaba estar centrada como en círculos alrededor de determinados puntos: en la enfermedad, la deformación de los cuerpos, el abandono y el estigma de la muerte.  Me asusté, sentí que estaba anclado en ciertos modelos —cosa que contrastaba enormemente con la idea que tengo de un verdadero escritor—, pero al mismo tiempo esa especie de homogeneidad hacía posible que los pequeños fragmentos fueran parte de un todo”.

La obra de Mario Bellatin abreva en lo incierto, en la simultaneidad.

 

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