Sistemas alimenticios

“Un tiempo fui Vegetariano…”, “Cuando nos conocimos éramos Veganos…”, “Yo Siempre he sido súper carnívoro…” “Mi esposa nos hace comida ortomolecular…”

 

Muchas veces nos etiquetamos con una forma de alimentarnos para entrar en un grupo, gremio o círculo, y en el peor de los casos en una moda temporal. Nos gusta ser el “más carnívoro de los amigos”, o la más “fit” de entre las amigas, y si se introduce un nuevo concepto dentro de la alimentación nos encanta ser los primeros en probarlo como para que no nos cuenten, por ejemplo, el tema de lo “Orgánico”.

 

Sistemas o etiquetas dentro del espectro alimenticio siempre los habrá, sobre todo para darles un impulso mercadológico y que se posicionen en el gusto de la gente para desarrollar o promover el consumo de ciertos productos, repetimos el tema Orgánico como adjetivo de superioridad entre los mismos productos pero que se diferencian con esa distinción. Lo cual responde a una mejor producción, más cuidada en otros aspectos, desde los trabajos en tierra, hasta su forma de comercialización. Pero Orgánico lo es todo aquello que tiene Carbón en su estructura química, por lo tanto, cualquier fritura o pastelillo es químicamente orgánico, mas no saludable, y mucho menos podemos pensar que sus procesos de producción sean sustentables.

Sin embargo, la palabra “Orgánico” se antepone como un sistema y entonces nos damos la libertad de consumir todo cuanto lo marque, adquiriendo así cierta tranquilidad al decir, “es que en casa todo lo compramos orgánico”, sean frutas, verduras, huevo y carnes. Lo cual no significa que ya se pueda consumir de forma indiscriminada y que no represente riesgos a la salud. Por ejemplo: aun siendo orgánico el huevo (que sea de rancho, de gallinas de libre pastoreo, no inyectadas, etc), no se debe exceder el consumo a más de 6 huevos a la semana. O aun siendo orgánicas, un vaso de jugo de naranja diario en ayunas no es lo más sano para iniciar el día.

 

Cuando un sistema de alimentación es excluyente definitivo de otros grupos alimenticios necesarios (como carbohidratos, o azúcares) termina siendo incompleto. Lo que debemos excluir definitivamente son los aditivos, químicos conservadores, colorantes, etc. Así como métodos de preparación y/o conservación realmente agresivos, como el freír, ahumar, salar, confitar, empanizar que definitivamente quitan a la comida todo su potencial nutricional para convertirla en solamente un medio de transmisión de sabor y texturas.

 

La guía alimenticia más fiel que tienes es tu grupo sanguíneo porque con ese naciste y no cambiará nunca, tu biotipo energético (que descubrimos con un test), tu nivel enzimático (hábitos) y tu objetivo de salud (¿qué quieres o necesitas mejorar?)

 

Con base en esa información si hay la manera de saber cuál es el “sistema” alimenticio que realmente necesitas y te va a funcionar SIEMPRE.

 

 

 

 

¡SaludOS!

 

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